S?bado, 14 de julio de 2012

EL SUEÑO DE ROTH


Marcos, Teto y Chema, FINISHERS en el Ironman de Roth

Pocas cosas dan más satisfacción en la vida que las que cuestan, no dinero precisamente, sino esfuerzo personal y sacrificio. Y de eso sabéis bastante casi todos los que estaréis leyendo esta crónica, habituales participantes de las carreras y quien más quien menos se ha metido entre pecho y espalda algún maratón o como mínimo media maratón, con el consiguiente esfuerzo y disciplina para entrenar que eso supone. Pero como humanos que somos, casi siempre se nos queda corto lo que hacemos, somos en mayor o menos medida ambiciosos y buscamos simpre ir un poquito más allá, más distancia, menos tiempo, más duro...

Nuestros tres piperos protagonistas de hoy tienen a sus espaldas una decena de maratones como mínimo, unas cuantas decenas de medias maratones y algunas pruebas deportivas más de diferente naturaleza, lo que les hacía candidatos a aspirar a un reto poco accesible para la mayoría de los mortales, a menos que tengan ese bagaje y la motivación necesaria para afrontarlo, el IRONMAN.

Competir durante más de 12 horas lleva al cuerpo y a la mente al límite y es tan importante la preparación física como la mental, esta última conseguida en buena parte con la edad... pocos veinteañeros veremos haciendo un Ironman por muy buena preparación física que tengan.

Teto, Marcos y Chema han tenido la madurez física y mental necesaria para hacerlo, se prepararon a conciencia... Y LO CONSIGUIERON! ¡ENHORABUENA CAMPEONES!

Y qué mejor que ellos mismos para contarnos de propia mano su experiencia:

(NO OS ELVIDÉIS QUE DETRÁS DE LAS CRÓNICAS ESTÁN LAS FOTOS DE ESTA AVENTURA... y detras de las fotos un ENLACE a Picassa donde podréis encontrar TOOOOODAS las fotos)

CRÓNICA DE MARCOS


Hace tiempo que no escribo tontunas relacionadas con las también tontunas que en los últimos años me ha dado por hacer, pero esta última se lo merece. Joder, ¡¡Es que soy un puto ironman!!

No os voy a aburrir hablando de: esfuerzos y sufrimientos, de técnicas de braceo en el agua, desarrollos en la bicicleta o de ritmos en el maratón. Más que nada porque en principio me la trae al fresco y en "segundicio" porque nunca aprendí a nadar (bendito neopreno), no tengo medidor de cadencias/frecuencias para la bici y tampoco he usado un pulsómetro en la vida. Que esto no suene a chulería, sencillamente esto de los ritmos y otras historias me cansa cada vez más y es que además,  ni siquiera sé como hacerlo.

Lo que voy a hacer es hablaros de lo que me pasa a mí en estas cosas, de en lo que pienso y entretengo la cabeza, al menos en esta ocasión, durante catorce horas de paseo por Baviera. Así que allá que voy.

Un día normal en mi vida suele comenzar a las siete y cuarto de la mañana. Me lavo, hago el desayuno, me visto, recojo la habitación, doy de comer a los periquitos, friego los platos de la cena, acompaño a Beatriz al metro si es que duerme en casa y a continuación me voy al trabajo. Este periplo mañanero, común para la mayoría de los mortales, viene a durar una hora y cuarto.

Un día normal para alguien que pretende ser ironman comienza a las cuatro y cuarto, así que ya algo de diferencia empieza a haber. Un ironman en ese tiempo está a remojo nadando en un canal interminable y aún, en mi caso, le queda todavía un cuarto de hora de tragar agua para volver a pisar tierra.

Un ironman que se precie no duerme la noche anterior, por supuesto. Hay que visualizar la carrera. Pensar en si todo está en su sitio, si las mochilas cuentan con todo el adobo para el largo viaje, los dorsales sus cintas, el chip fija bien, el gorro no me hinca las sienes, el neopreno no se ha rajado, la bici está entera, la bomba, la....... Así que el Marcos, esa noche... pues no durmió.

Yo ya me creía un ironman antes de hacer aquello y por tanto ya me comportaba como tal. Todo el guión que tenía imaginado para entretenerme durante las catorce horas que tardé en transitar desde el huerto de los Olivos hasta el monte del Calvario, lo repasé desde las diez y media de la noche en que me metí a la cama hasta más o menos las tres de esa misma mañana o más bien noche. Dormí alrededor de una hora y media, así que durante la prueba me quedé vacío de pensamientos, que no de palabra, obra u omisión. pues que hablé, obré.... sin guarrerías y omití, porque no obré.

Me tumbé en la cama y cerré los ojos para intentar dormir, pero ya la primera imagen que me vino a la cabeza fue el canal de nado así que allí se acabaron las buenas intenciones. Ya empecé a imaginar y a recordar todo aquello que iba a explotar durante el día de la prueba. Hay guiones que no puedo hacerlos esperar.

Ví el canal con los ojos cerrados y pensé para no agobiarme mientras nadaba, en los días de playa cuando era pequeño. Total es hora y media nadando y esta se resuelve recordando aquellos partidos de fútbol playero con mi padre y hermanos. Era sencillo, ya formábamos dos equipos entre todos. Cinco contra cinco. Mi padre con los pequeños y un mayor y el resto para el otro equipo. Eso era el primer día de playa porque a mi padre ese día ya le daba un tirón en el gemelo que le duraba todo el verano. Ejercía mi padre de central tipo Goyo Benito. "Yo te la paso, tú me la devuelves y vuelvo a triangular". No entendía con seis años que coño quería decir aquello. El caso es que yo sólo recibía y devolvía. Cosas de ser el pequeño. Creo que fingía la lesión a propósito,  porque a partir de ese día se sentaba a leer el periódico y a contar nueve cabezas yendo en grupo al agua. "Papá ¿juegas a las palas? es que aún me duele el gemelo". Ese era el verano en la playa del señor Miguel. También con los ojos cerrados e intentando dormir (que no hay manera) ví a mi hermano Tito presentándose al concurso de castillos organizado en la playa y patrocinado por Coca-cola. Ese era el único motivo por el que se presentaba. La coca-cola.

Mientras duraba el evento daban todas las coca-colas que quisieras tragar. El tío se llevó un caldero y una pala y en tres minutos hizo su "supercastillo" mientras el resto de chavales se esforzaban en hacer virguerías con la arena. Muchos llevaban planos, elementos decorativos, herramientas especializadas,... Mi hermano no.  Él hizo una mierda de almenas sobre los cilindros que salían de aquel cubo y eso sí, llevó unos trozos de papel dorado que colocó en cada una de esos cilindros y simuló ser las ventanas. Todos los niños trabajando en su castillo y mi hermano sentado delante de aquella cosa bebiendo coca-colas como un gorrino. Cuando acabo el concurso y le salía la coca-cola por las orejas, nos decía que no teníamos, ni nosotros ni el jurado, idea ninguna de lo que era el arte.

Ya debo de ir girando la boya de vuelta, que por cierto, literalmente me la comí con todo el cabezón. Así que vamos a entretenernos en la playa otro rato hasta salir del agua. Es hora de que mi madre baje desde casa de la abuela con la comida. No, no son unos filetes empanados y unas tortillas. Tampoco unos bocadillos de embutido. No, mi madre baja en el autobús hasta la playa con y a saber:  la olla expréss repleta de judías pintas, los platos y vasos de duralex y los cubiertos de alpaca de la abuela.

A mí estas cosas ahora me parecen raras pero entonces como que era lo que se hacía. Nueve energúmenos comiendo en plato de cristal y a la cuchara en plena playa con el cubo de plástico en la cabeza para preservarnos del sol. Esto como que daba igual porque al segundo día teníamos todos la espalda hecha girones y tirándonos de los pellejos el uno al otro.

¡¡Parece que ya salgo del agua!! Son las once y media de la noche, llevo una hora intentando dormir y esto va para largo.

Ahora cojo la bici y me quedan ciento ochenta kilómetros. Así no hay forma de pegar ojo. Me traslado al año setenta y cuatro, año en el que hice mi primera comunión ¡¡más guapo que iba!! Me vengo a este año porque mis padrinos me trajeron desde Santander y como regalo de comunión mi primera bici. Bici que también fue la primera que entró en mi casa y bici en la que más de un hermano mío ya talludito aprendió a montar. Ahí empezaron los problemas. Era una BH roja plegable (la del ironman es también BH) con trasportín, puños blancos, banderitas a los costados de las ruedas y su correspondiente dinamo. Una bici que se precie no le ha de faltar la dinamo. Tanta ilusión tenía por verla que me salté el ensayo general y me fui corriendo a casa porque sabía que habían llegado mis padrinos. Renuncié a Satanás, a sus obras, a sus pompas y a sus cultos y me fui corriendo a casa

¡¡Cómo brillaba!! brillo que tardó en quitársele un par de días junto con: los guardabarros, el trasportín, su freno delantero y su dinamo. Ya no era una bici apreciada. No tenía dinamo.

Yo no sabía montar en bici y los "ruedines" aún no se llevaban, así que a cambio de recibir clases exprés por parte de algún hermano, tenía que aceptar proposiciones que no podía rechazar. "Mira, yo te llevo un rato (venían a ser cien metros) y luego tú me dejas la bici". Así que yo recibía mi clase práctica, me quedaba en una esquina esperando a recibir la siguiente y mientras pasaban las horas y mis hermanos encima de mi bici por delante de mis narices. "Quino ¡qué me toca ya, jo... que la bici es mía!" Vaya, me ha parecido ver que la bici hoy está rayada, mañana sin guardabarros y pasado sin dinamo. Unas ostias que se metían mis hermanos con ella. He decir que yo también. Aprendí a llevar la bici recta y sin caerme, pero sólo recta. Llegaba al final de la calle y me dejaba chocar contra la pared de enfrente. Traía por la calle de la amargura a la mujer que estaba sentada al fresco en la calle mirando perpleja como me ostiaba. "Hijo, sólo tienes que frenar un poco o girar el manillar", "Señora, girar aún no sé, pero si la bici tuviera freno ya lo apretaría, pero es que mis hermanos se lo han cargado".

Total que hice la comunión ya casi sin bici y con varias ostias. Aparte de las de la bici recibí la consagrada, la del catequista y la de mi madre porque es que si mis compañeros hacían perfecta la coreografía, yo al saltarme el ensayo general por ver mi bici, actuaba por libre.

Esa bici dió mucho juego porque por ejemplo destrozó muchas zapatillas gracias a la técnica de frenar la rueda delantera con la suela de las deportivas. Mi madre decía que como es que gastábamos todos las zapatillas por el mismo sitio. Nosotros decíamos que igual estábamos todos mal hechos. ¿No soms todos iguales que papá? Mira a ver por donde gasta los suyos.

En ella nos caímos todos y hubo una vez que llevar a mi hermana al hospitalillo porque se clavo el manillar en toda la ingle. También yo acabé en el mismo sitio con un clavo de un tablón en todo el pie. Esas cosas de saltar con la bici montones de arena de obra con restos de tablas y demás ginkanas de hace cuarenta años.

Ya son las dos de la mañana y sigo despierto pero ya me he bajado de la bici, así que sólo me falta un maratón. Para aquí tengo preparado montones de carreras hechas ya. Visualizo Mapomas, Roma, Berlín, París, Valencia, Sevilla, San Sebastián,... tengo donde elegir y eso es lo malo porque me acaban dando las tres de la mañana y me tengo que levantar de la cama a las cuatro y media. Así que me pongo en pie después de una hora y media durmiendo y el resto soñadas. Estoy agotado, no puedo enfrentarme a uno de verdad, así que intento seguir con la cabeza en esa especie de estado mental placentero en donde me he metido.

Son las cinco menos cuarto y ya es de día. Estos alemanes son la leche. Hasta ponen el sol antes que nadie. Ya a las seis menos cuarto está la gente sentada con sus sillas de playa en los puentes para vernos nadar. Nosotros pasamos dos horas tumbados en los boxes intentando descansar hasta oir nuestra llamada para tirarnos al agua.  Yo sigo metido en mis cosillas, mientras al lado oigo respiraciones profundas del Teto y despistes continuos de Chema. Empiezo a tener miedo que no tensión. Miedo a pensar si yo debo estar allí, si voy a poder con esta salvajada y si no será demasiada chulería el haber venido a probar que coño es esto. Miedo al no haber descansado, a enfrentarme a horas y horas deambulando con sensaciones que nunca he experimentado durante tanto tiempo seguido. En ese momento traduce el Teto al "speaker" que está rezando por todos nosotros y acaba diciendo "que dios nos proteja". Lo que me faltaba.

Llega el momento de irse Chema. Nos abrazamos y deseamos suerte. A los diez minutos nos llaman a nosotros. Es nuestro momento y el de definitivamente abrocharme el neopreno.... "Marcos no puedo que te cojo la chicha". A menudo he ido yo a encargar esta misión. Le tiembla el pulso y me veo con el homóplato cogido por la cremallera y expuesto a la climatología. Al fin consigue abrocharlo, nos despedimos como si a la guerra fuéramos, nos tiramos al agua y después de catorce horas volvemos a abrazarnos de nuevo los tres.

Por medio han pasado aplausos, besos a voluntarios, abrazos a alemanas y alemanes que te aplauden sin parar mientras escuchas tu nombre en boca de mucha gente ¡¡Marcos, español, ánimo, Mallorca!!... y dale con Mallorca. Pases en bolas delante de voluntarias que te van dando la ropa siguiente mientras te quitas la anterior... ¡¡guifmi a quis plis!!

Pero sobre todo ha pasado o he pasado esa meta. Ese pasillo estrecho y único para tí previo a entrar al estadio. Allí beso mi cadena, mi cruz y mis medallas. Son mis ángeles. Me acuerdo una y mil veces más de mi madre, que da vueltas todos los días en mi cabeza y hoy cómo no también. El estadio está lleno a las diez menos cuarto de la noche (y yo sin dormir) con las luces dando vueltas sobre mi cabeza como si fuera una estrella de rock, mientras mi imagen se proyecta en la pantalla gigante ¡¡¡Bufff!!! ¡¡¡MARCOS DIEZ GOMEZ, ESPAÑAAAAA!!! No sé si pararme o apretar más. No sé si reir, llorar o saltar. No sé si entrar en meta y volver a salir, para dar otra de honor porque no he saboreado bien del todo esta primera. Muchas veces has pensado en cómo será esa meta y por mucho que idealices esa entrada creo que a todos nos pasa que es luego mucho más emocionante de lo que imaginas. Lloré y me abracé a la mujer que te recibe en meta de la organización y te dice "congratulations, ¿are you guay del paraguay?" Mira, tan guay del paraguay que te voy a dar un beso en español y me voy a tomar una cerveza de a medio. Dicho y hecho. Beso a la morena alemana y alemana rubia para el gaznate  Luego al podólogo a curar mis ampollitas y otra vez a llorar. Luego el beso más bonito a las chicas. Ellas sí que han hecho un ironman y son las que de verdad merecen que dios las proteja.

CRÓNICA DE CHEMA


Todos tenemos sueños, yo no sabría vivir sin ellos, pero como leí en algún sitio alguna vez “Si quieres que tus sueños se hagan realidad, despierta.” A mi este año se me han cumplido dos grandes sueños de mi vida, los dos en menos de 15 días.

Casarme era uno de ellos, y es que... como me gustaba decir en mi época de “single” a las posibles candidatas “yo pertenezco a esa especie de hombres en vías de extinción, los “románticos”... y como tal, desde pequeño soñaba con conocer a una mujer guapísima, vestirla de blanco, casarnos con bodorrio y quinientos invitados, irnos de luna de miel a las Maldivas y, por la gracia de dios, tener tres o cuatro hijos. Esa era la versión del sueño con 12 años, claro....; con el tiempo, uno va modelándolo, quitando de aquí y poniendo de allá, y así, el sueño se transformó en que encontré a esa mujer guapísima, que la vestí de blanco (de corto y sin velo, pero de blanco), los 500 invitados se quedaron en 12 y la luna de miel en las Maldivas en... qué curioso, se conviritió en un viaje a ese segundo sueño.

(Lo de los tres o cuatro niños creo que también tendrá un pequeño ajuste, jeje).

Como decía, todo esto, lo de casarme, sucedía hace 15 días. Y ese segundo sueño al que nos dirijíamos en nuestra “luna de miel” había empezado a gestarse hacía poco más de un año, cuando tres amigos, Marcos, Teto y yo, decidimos apuntarnos a una delas pruebas más exigentes y duras a las que puede aspirar cualquier deportista, el IRONMAN, que por si a alguno le viene a la cabeza la película del superheroe del mismo nombre, dejo claro que no van por ahí los tiros, hablo de esos 3,8Km nadando, 180Km montado en una bici y acabar corriendo 42,2Km.

Elegimos el Ironman de Roth, en Alemania. Desde el mismo momento en que lo decidimos se convirtió en mi nuevo sueño... ahora tocaba “despertar” para cumplirlo, el sueño tenía un precio, quitarse de horas de sueño, de estar con amigos, familia, pareja, hipotecar fines de semana para entrenar, sobre todo los últimos 6 meses... pero estábamos dispuestos a pagarlo!. El objetivo era muy ambicioso y... o lo preparábamos a conciencia, o era imposible conseguirlo.

Y siendo esto la crónica de esa prueba, debería hablar de cómo fue la misma, pero en realidad empezó con esa preparación hace muchos meses y prefiero contaros esos momentos...

Esas primeras tardes de domingo frente al ordenador leyendo y mirando videos y más videos del triatlón al que nos habíamos apuntado, acabando siempre con la piel de gallina y los ojos llorosos, comenzando a imaginarme allí dentro, y comprobando lo duro que iba a ser...

Esos sábados de bici madrugando más que si fuera a trabajar un día de diario y no volviendo hasta la hora de comer, horas a veces solo, a veces los tres juntos, compartiendo sensaciones de cada uno, sopesando si seríamos capaces de conseguirlo... la mitad de los días nos parecía que no, por suerte, la otra mitad empezamos a pensar que sí.

Esos días de diario haciendo encaje de bolillos para meter el entrenamiento a primera hora de la mañana, a última hora de la tarde o quitándonolo de comer, absolutamente todos los días durante los últimos seis meses.

En abril nos pauntamos al Medio Ironman de Elche como test... ¡Bendita carrera! ...¡en qué hora!... llegué en buen tiempo pero justito de fuerzas. Teto me decía que estaba siendo muy conservador en mis entrenamientos, así que me lié la manta a la cabeza y en cuanto volví a Madrid subí la intensidad de los mismos, dos meses finales de entrenar mañana y tarde, mi cabeza ya solo pensaba en el triatlón (bueno, y en ese primer sueño del que os hablé antes y que también estaba a punto de cumplirse)... qué cúmulo de emociones esas últimas semanas... pero por fin llegó el momento de subirse a la furgoneta rumbo a Roth. Me veía preparado para hacerlo, no haría una gran marca, ni ese era el objetivo, pero hacerlo... LO HARÍA!.

EL GRAN DÍA

Como ha dicho Marcos en su crónica, esa noche previa, “no dormí nada, como buenos profesionales”... fue un duermevela de nervios, de visualizar toda la carrera y de rezar para que no lloviera, que no hicera viento, que no hiciera calor, que no se me jodiera la bici, que no me salieran ampollas corriendo, ...y todo eso a la vez, era muy difícil.

Y por añadidura, mi despiste, la carrera de mi vida en la que más despistado he estado... me levanto a las 4 de la mañana y ya con todo preparado para salir... ¡¡¡el CHIP!!!... un ángel, no se quien o el qué, me avisa dentro de mi cabeza para recordarme si lo llevo... NO LO LLEVO!!, busco por todos los rincones, no lo encuentro, me desespero, me pongo a llorar hundido... y por fin aparece. A punto de irse todo al carajo por un jodío despiste! ...y entonces aparece un segundo ángel, esta vez con nombre propio, Lydia, que me saca de una mochila el gorro oficial con el que debo hacer la natación y que también había olvidado coger... no me lo puedo creer, la beso, la doy las gracias... por favor, que no me falte nada más!.

Junto a esos tres ángeles que nos acompañan, Isabel, Chus y Lydia, llegamos por fin a la salida. ¡¡¡IMPRESIONANTE!!!.

Aún está saliendo el sol y miles de personas junto al canal ocupan puentes y orillas, carpas, caminos... más de 4000 somos participantes... y muchos miles más familiares, amigos y expectadores. Yo soy uno de esos 4000!... Una mezcla de emoción, euforia y miedo me invade por dentro. Siento la mirada de la gente sonriéndome, animándome, hasta entre los triatletas nos miramos y sonreimos con complicidad... cada uno diciendo en su idioma lo que siente, y no entiendo nada... pero lo entiendo todo! Es fantástico.

¿Qué ha pasado?... ya estoy en el agua... está tibia, perfecta, hace sol, ni una pizca de nervios... ALLÁ VAMOS!. Nado casi 4Km con cientos de personas a los lados del canal, y casi al final nuestras chicas con sus banderitas españolas y hago lo que no hace ninguno de los 4000 nadadores, me paro en el agua, asomo la cabeza frente a ellas y las saludo... me jalean, me animan gritando, me dan alas (o aletas)... qué subidón! Ale, ya casi está hecho el primer sector.

En las casi 7 horas de bici da tiempo para mucho, viento, lluvia, sol, cansancio, recuperación, pueblos repletos de gente animándote por tu nombre, esa subida al mítico Solarberg haciéndote pasillo los expectadores... la verdad es que no da mucho tiempo para quedarse uno solo, ni física ni mentalmente... y llegamos al km 120 donde nos esperan las chicas con avituallamiento, paro cinco minutos, estoy genial y mientras me como mi sandwich de nocilla, me cuentan las vicisitudes y virguerías que están haciendo para conseguir vernos en todos los puntos, de auténtico estrés... unas auténticas campeonas también!.

Me acerco por fin a Roth... ya es evidente el cansancio, pero mucho menos de lo que esperaba tras 180Km encima de la bici, y eso me motiva.

4 de la tarde, 30º de temperatura... se trata solo (¿solo?) de correr 42Km... salgo embadurnado de crema solar que algún voluntario ha tenido a bien darme, en el primer giro saludo de nuevos a nuestras chicas (es increible como pueden estar en todas partes), beso de ánimo a Lydia... y p’alante!

Ufff...!!! Aquí empieza el Ironman... cada 2Km avituallamiento... me paro en todos a beber y comer sandía, es lo único que me entra porque llevo el estómago revuelto de tanta barrita y guarrería. El recorrido en sombra a lo largo del canal ayuda a que se lleve mejor, ...miro el reloj y compruebo que me quedan 6 horas... mal se tiene que dar para que no lo consiga, así que... a disfrutar!

Km 40, entro en el pueblo de Roth... corazón a 180, no de  cansancio, sino de nervios, de emoción contenida... Km41, tan solo un kilómtero para la meta, las calles abarrotadas de gente animándote... y entro en la alfombra roja de unos 300m rodeada por gradas que llegan justo hasta el arco de meta...

Dicen mi nombre por megafonía, corro dando saltos de alegría, ondeo mi gorra saludando a la gente, busco con la mirada a Lydia, que me llama a voces, a la vez que intenta hacerme fotos, pero no la veo... y entro en meta brazos en alto y besando el anillo que hace 15 días me unió más a ella... ¡¡¡LO HE CONSEGUIDO!!!

Tras el  arco de meta la medalla, las felicitaciones de los jueces... y allí están Lydia, Isabel y Chus, y Teto... besos, abrazos, ...me abrazo a Lydia que llora y me contagia y me siento el hombre más feliz del mundo, dando gracias de que todo haya salido como ha salido...

...y mucha “culpa” de ello, la tienen eso tres ángeles que nos acompañaron, todos los amigos y familia que nos habéis animado antes, durante y después de la carrera... y sobre todo... mi Lyli, por regalarme tantas horas de no estar con ella para que pudiera conseguir mi sueño! GRACIAS MI NIÑA! ...y GRACIAS AMIGOS!

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Publicado por txunda @ 13:25  | Carreras
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