Martes, 27 de mayo de 2014

NO SON HOMBRES... SON

FINISHERS!!!


Quién nos lo iba a decir, allá por el año 2003, cuando el preparar un maratón nos suponía una sobrecarga de adrenalina los meses anteriores, que una década después la distancia de maratón se nos quedaría pequeña a la mayoría, bien sea corriendo Trails por caminos intransitables durante horas como nos tienen acostumbrados Elo y Antonio, o atreviéndonos con la prueba reina del Triatlón, el Ironman.

Marcos, Teto y Chema se atrevieron y lo consiguieron hace dos años, pero como de nuevo se nos quedaba pequeño, Teto decidió hacerlo más difícil… y en esta ocasión se le unió en la aventura nuestro querido “piponazo”**, Alberto, que se estrenaba en esta prueba por todo lo alto, nada menos que con el Ironman –posiblemente- más duro del mundo, el de Lanzarote.

Como ya dije en alguna ocasión, pocas cosas dan más satisfacción en la vida que las que cuestan. Lo que han hecho Alberto y Teto es digno de la más grande admiración, deportiva y humanamente hablando, porque en este tipo de pruebas, además de la preparación física, uno ha de llevar una grande y fuerte motivación y preparación mental…

Ambos demostraron con creces que estaban preparados… lo terminaron, cruzaron la meta exultantes… y se convirtieron en… ¡¡¡FINISHERS!!

¡¡¡ENHORABUENA CAMPEONES!!!

Y quién mejor que ellos mismos para contarnos de primera mano lo que supuso esta extraordinaria aventura… ahí va:

**Aclaración: ¡¡Viendo las fotos que vienen a continuación uno se pregunta, dónde habrá quedado aquel "piponazo" redondito que nos hizo ponerle tan cariñoso nombre en su momento!! Gui?o

Crónica de Alberto:

Cansado de soñar mis sueños me puse manos a la obra, un día me levanté y empecé con pasitos cortos pero decididos. Ha sido largo porque el camino siempre te sorprende con alguna curva más de la cuenta y con muchas espinas para que pinches y aprendas que nada es gratis, pero ha sido un camino precioso. Lleno de autoconocimiento, aprendizaje y sonrisas… esa sonrisa que había perdido pero que gracias a un gran amigo volví a encontrar, esa sonrisa que ni la de la guadaña ha conseguido quitarme de la cara aunque duela, la sonrisa ilumina el alma.  Además, gracias a otro gran amigo (qué suerte tengo de estar rodado de gente así&hellipGui?o he aprendido a escuchar al cuerpo, a saber cuándo me está diciendo que está cansado, y cuándo está enfadado y dolorido y no quiere más caña. En esos momentos la ansiedad no puede dominarte, es mejor bajar el ritmo (o parar) un par de días que empeñarte en hacer esas series anaeróbicas, el cuerpo enseguida recupera, y te lo agradece, y puedes continuar con la rutina de entrenamientos.

En el camino he aprendido a ser constante en el entrenamiento, prudente en la euforia y perseverante en el esfuerzo. He descubierto que si no tienes unas facultades innatas espectaculares, que no es el caso, no hay secreto para esto… o sigues ese camino (u otro paralelo) o estás perdido.

Con todo esto grabado a fuego, miles de km en bici, otros tantos corridos y otros cuantos nadados me presenté en Lanzarote. Los días previos los dediqué a tomar contacto con los tres sectores de la carrera, nada serio pero suficiente para darme cuenta que el camino me había llevado a la línea de salida y que ahora solo quedaba “disfrutar” de la competición.

Disfrutar? Pues claro… ese día es para sacar todo lo que has entrenado, para hacer realidad todos esos ratos que has pasado “soñándote” pedaleando camino del Mirador de Haría, para ponerte la sonrisa con el neopreno y no dejarla hasta la línea de meta… y porque en meta se te pone cara de flipao-gilipollas que ya lleva incorporada la sonrisa jajajajaja

La tensión que se respira cuando llegas a los boxes el día de la carrera es impresionante, parecemos pollos descabezaos. Todos de un lado para otro, todos concentrados en nuestros pensamientos… pero lo que más me sorprenden es el silencio, sepulcral. Más de 2300 participantes y cientos de familiares en el exterior de la zona de boxes y no se oye una voz más alta que otra… algún grupito de amigos se ríen nerviosos, pero la norma general es el silencia… casi da miedo. Me concentro en la rutina tantas veces pensada, hinchar ruedas, comprobar que todo lo de la bici está en su sitio, bidones a sus puestos, barritas y geles en la bolsita de la potencia, perfil en el acople (lo bien que me vino saber por dónde iba… y que que quedaba), revisar bolsa de sector carrera, revisar bolsa de sector ciclismo… bien!! Todo en su sitio, ya me puedo centrar en mi mantra… “Enjoy the ride… love the ending”… pues ahora estoy en el ending, así que me toca love it  Gui?o  (traducción de andar por casa: “disfruta del camino… amarás el final&rdquoGui?o

Me concedo unos segundos para pensar en mi padre, hoy te voy a necesitar cerca, amigo… así que ponte la sonrisa conmigo y vamos a por ello… reconforta no sentirte solo y desamparado, ya… ya lo se… tenía a mucha gente detrás empujando… pero en los minutos previos a la salida, con el neopreno apretándote las piernas y el pecho y las gafas empañadas encima de los ojos me vino muy bien esa pequeña “charla”. Fue la primera de varias a lo largo del día.

Decido salir abierto en la primera vuelta de natación, así me evitaré muchos golpes y agobios de gente despavorida intentando respirar las mismas moléculas de oxígeno. Voy sonriendo mentalmente a los demás competidores (mejor, compañeros de aventura), les voy diciendo que no estoy compitiendo con ellos, que hay sitio en el océano para todos y que no quiero pelear por el sitio… parece una tontería pero yo creo que con esa actitud el resto “intuía” el buen rollo e íbamos más o menos sin conflictos jejejeje En la segunda vuelta de la natación ya pude nadar mucho más a gusto, pegado a las boyas y nadando a un ritmo interesante.

Pues nada… ya estoy quitándome el neopreno… chequeo mental y me doy cuenta que no me ha costado ningún esfuerzo nadar los 3800 (bueno, a mí me salieron 4200 jejejeje). No ya dolores ni tirones al ponerte de pie después de tanto rato en “gravedad cero”… perfecto, vamos a por la bici.

Transición lenta, no tengo prisa. Culotte bien puesto, maillot colocado en su sitio, geles en los bolsillos, todo en su sitio… al box a por la “bici-taxi”. Llego a mi zona del box y escucho una voz muy familiar… “la Meriyou” está ahí, me soríe y me anima. La digo que todo perfecto, que la natación genial y que voy a por los 180 km con ganas. Me reconforta verla y escucharla, sé que dará el parte a mi gente para que estén tranquilas.

La bici no tiene secreto… paciencia, paciencia y paciencia… A mí esa isla me tiene hechizado y me distraía bastante mirando el mar de lava que en muchas zonas nos rodeaba amenazadoramente. Si había viento… piñon pa`riba, o plato pa`bajo y paciencia, paciencia y paciencia… Voy haciendo kilómetros pendiente del plan de alimentación trazado, ahora sorbito de agua con geles disueltos, ahora traguito de agua, ahora trocito de barrita… un poco rollo, pero también distrae del monótono pedalear que tenemos los diésel-culogordo. Desde el desvío hacia Teguise hasta casi arriba del Mirador de Haría coincido con una de las furgonetas del servicio técnico, y la casualidad quiere que en ella vaya Jorge Delgado, de Magma Bikes. Me animan, me ponen en contacto con Willy (amigo común que andaba pendinte de mi carrera)… espectacular, y encima los tíos arreglaban cualquier avería que se encontraran en el camino. Me anima mucho que me digan que voy a buen ritmo, que llevo pedaleo fácil porque el terreno no ayuda… y el viento nos está dando una buena paliza. Como el que no quiere la cosa me planto en el Mirador de Haría y un poco más tarde en el Mirador del Río. Ahí ya pienso en que al sector de bici le queda menos, y lo más difícil ya había pasado. En la bajada vuelo (literalmente) y paso bastante miedo, el viento nos menea de lado a lado y alguna curva la tomo con más pena que gloria jejejeje  Nada que una buena charla, como en la salida, no me haga tranquilizarme. Llegando a Arrieta, hasta Nazaret, tengo mi hora de gloria ciclista. Me acoplo y empiezo a sentirme muy a gusto encima de la bici, adelanto a muchísima gente y voy super cómodo. Solo pienso en no ansiarme demasiado porque todavía me quedaba el maratón. Con esos pensamientos, y la sonrisa puesta, me planto en el tramo de Nazaret, pestoso donde los haya… pero a estas alturas ya solo quería llegar al Pto. Del Carmen para volver a ver a Meriyou y empezar a correr.

Dicho y hecho… justo antes de la transición la veo, me anima, la digo que todo va bien y que voy muy entero de fuerzas. Otra transición de pachorras… me tomo mi tiempo para colocar todo en su sitio, no quiero ampollas por arrugas en las medias y rozaduras por no colocar bien la ropa con la que correré. Me embadurnan otra vez de crema protectora (espectacular el despliegue de voluntarios)… y a correr…

Salgo, escucho sonar la alfombra al pasar por encima, y me pongo en modo-running. Había repasado mentalmente cientos de veces la estrategia, así que la tenía clarísima. Nada más empezar vi a Meriyou… chocamos la mano, noté que se la relajaba el gesto al verme “entero”. La recordé que escribiera a mi madre (no hacía falta, pero por si acaso&hellipGui?o y ale… a darle a las zapatillas. Sabía que me esperaban 8 km de ida pestosa y otros 8 km de vuelta igual de pestosa, pero tenía claro que andaría rápido en los avituallamientos para poder comer y beber, luego de vuelta el objetivo era llegar a la zona de meta para volver a chocar la mano con Meriyou. La ida de la primera vuelta se me hace incómoda, tarde 3 o 4 km en coger mi ritmillo y sentirme cómodo (todo lo que se puede en ese momento). Cuando me empiezo a encontrar mejor empiezo a darme cuenta lo que estoy haciendo… joder… un Ironman!!! Menos mal que “el que me acompaña” me recuerda que hay que ir a por objetivos cortos y que me deje de pensar en la meta… ya llegaremos. Pues ale… a obedecer. Primeros 16 km, pulserita amarilla, doble saludo a Meriyou, todo corrercto. A por la segunda. Me planto al final de la segunda vuelta, km 32, pulserita azul, doble saludo a Meriyou. Me dice que se va a por una chaqueta porque el viento está volviéndose fresco, la digo que me quedan 10 km nada más y que la siguiente vez que nos viéramos era para entrar en meta juntos, como habíamos hablado. Ahí ya la comento que lo que me queda me va a doler, porque ya el cuerpo tiene pocas fuerzas, pero solo son 10 km y sé que los voy a hacer sea como sea.

A partir de aquí sí que pienso en la llegada, hablo con “el que me acompaña” le dedico la carrera hasta el 40… ¿por qué el 40? Porque el 41 y 42 son para mi madre y mi hermana, hemos pasado una racha dura y quiero que esta carrera sea el principio de la época en la que empecemos a levantar cabeza… y la meta la quiero para mí y para Meriyou, me ha acompañado desde el principio hasta ese momento y se lo merece.

Uffff… no se puede describir lo que supone cruzar la meta, alegría, emoción, euforia… la sonrisa se te clava en la cara y es imposible no quitártela… medalla… camiseta finisher… joder… ahora si podía decirlo… SOY IRONMAN!!!!

Los días siguientes se te agolpan las emociones, los recuerdos, las palabras no salen… solo lágrimas de alegría, lágrimas de recordar lo duro que se ha hecho el camino y lo feliz que me siento al final de él, lágrimas que saben a gloria…

En fin, hasta aquí esta aventura, que no ha hecho nada más que empezar porque esto de los triatlones de larga distancia me ha gustado mucho… mucho… mucho…

Nos vemos en la próxima!!!


Más fotos:




Publicado por txunda @ 13:48  | Carreras
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